La brevedad se convierte
en un león herido,
cuando abres tus labios yertos.
Hacemos y decimos cuanto por haber, y una vez hecho, preferimos ocultar pensando mermar la herida. Una herida que de momento, por azar o por condición, te toca zanjar, pero que a su vez te hace incapaz de sanar. Y puedes no verla fluir, dándote seguridad para continuar.
Un perfil bajo, esconde en sí mismo una lucha en contra de la desorientación. Permite una temporal copiosa, y deja pasar el juicio de al lado, para sembrar minas que van a germinar el desdén; produciendo una afluencia transitoria, lo suficientemente eficaz para causar el brote de un río atestado con arrebatos incontrolados.
Miro la fealdad de la herencia afectiva, y me sorprende ver, como somos capaces de convertir en escudo el pasado tortuoso, y aunque es un mecanismo de auto defensa, caemos en el desgaste para ganar una lucha psicológica.
El camino se torna abrupto. Lleno de lucecillas verdes. Dando pie a una continuidad accidentada, por violar la única ley que te exhorta a no personificar el yo destructor, el sedentario, el mismo que lograr exterminar la semilla de toda efusión.

IX (Posible titulo, "Onírica distorsión")

El sueño adverso acomodóse
en el vientre de la mente, y subversivo
a la condición racional,
dio muerte al idilio de su presencia.

VIII

Su escarpada figura vuelve a ser objeto,
de su inherente pasado.
Y veo en sus ojos fatídicos,
la expiración de un cuerpo que lentamente es atrapado,
por la inanición de su ausencia.